¿Si a usted mi querido hermano y hermana, le llegara a su casa un hombre desconocido y le pidiera de buenas a primeras que entregara a su hija en matrimonio lo haría? ¿Qué respondería usted?

¡¡¡Obviamente que no!!!

Entonces, porque se casaron las hijas de Ismael con los hijos de Lehi?

Existen tres razones para ello:

1. LEHI E ISMAEL YA SE CONOCÍAN…

“Y aconteció que el Señor le mandó que yo, Nefi, y mis hermanos volviésemos a la tierra de Jerusalén, y lleváramos a Ismael y su familia al desierto”… (1 NEFI 7:2).

Por algo tan simple, sabemos que Ismael y Lehi ya se conocían de tiempo atrás.

De haber sido el caso, que Lehi no tuviera ni la menor idea de quien era Ismael, el Señor le hubiese tenido que explicar quien era Ismael, como era físicamente, donde vivia, y como llegar hasta su casa, pero no fue así. El Señor dio el nombre especifico de alguien que Lehi y tambien Nefi ya conocían con anterioridad, porque incluso Lehi no tuvo necesidad de explicarle a Nefi quien era este hombre Ismael.

Pero porque Ismael, y no alguna otra familia judía mas?

Bueno, existen otras dos razones para ello:

2. LOS ISRAELITAS SE CASABAN CON LOS DE SU PROPIA TRIBU.
Era costumbre antigua desde Moisés, el que los hijos de Israel se unieran en matrimonio a los de su propia tribu; sabemos que debía haber excepciones como en todos los casos; sin embargo, era una REGLA común que uno de la tribu de José, se uniese en matrimonio a los de su propia tribu…
A veces pensamos que esta búsqueda de la pureza de linaje es propiamente de los judíos, porque ellos buscan casarse con judíos, pero no es así!
Quienes promovían conservar la pureza de la tribu fueron los hijos de José… (NUMEROS 36:1-13).

Esta es una de las razones del porque el Señor mando que los hijos de Lehi buscaran a las hijas de Ismael.

Incluso, conociendo las costumbres de medio oriente, sabemos que los matrimonios aun hoy día, suelen ser arreglados por los padres cuando sus hijos son niños todavía; por eso no fue demasiado difícil que Ismael aceptara iniciar la travesía hacia el desierto, porque posiblemente Lehi e Ismael y sus esposas ya habían tenido infinidad de platicas considerando la unión de sus hijos desde pequeños, puesto que ambos patriarcas eran de la casa de José , y esa era la norma en Israel.

3. EL SEÑOR DESEABA LEVANTAR POSTERIDAD A LA CASA DE JOSÉ.

El patriarca José tuvo dos hijos, Manases y Efrain, de los cuales Lehi e Ismael eran sus descendientes respectivamente.

Sabemos que Lehi y su familia pasaron 8 años en el desierto, donde con toda seguridad bien habrían podido encontrar esposas para sus hijos; sin embargo, es muy probable que estas esposas no habrían tenido sangre de la casa de Jose en sus venas.

El profeta José Smith enseño que en el registro de las primeras 116 paginas que se perdieron de la traducción del Libro de Mormón, se encontraba una relación de la genealogía tanto de Lehi como de Ismael.

El élder Erastus Snow (1818–1888), del Quórum de los Doce Apóstoles, habló de la importancia del linaje de Ismael:

“Quien haya leído el Libro de Mormón con detenimiento habrá aprendido que un resto de la casa de José moró en el continente americano y que Lehi supo, al buscar en los anales de sus padres escritos en las planchas de bronce, que él era del linaje de Manasés.
El profeta José Smith nos informó que el registro de Lehi se encontraba en las ciento dieciséis páginas que fueron traducidas en primer lugar y que después fueron robadas, de las cuales tenemos un resumen en el primer Libro de Nefi, el cual es el registro personal de Nefi, que era del linaje de Manasés; pero que Ismael era del linaje de Efraín, y sus hijos pasaron a formar parte de la familia de Lehi por casamiento, y a su vez los hijos de Lehi se casaron con las hijas de Ismael, cumpliendo así las palabras pronunciadas por Jacob a Efraín y Manasés en el capítulo 48 de Génesis, que dice:
‘…y mi nombre sea llamado en ellos y el nombre de mis padres Abraham e Isaac; y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra’. Es así que estos descendientes de Manasés y Efraín crecieron juntos en este continente americano” (en Daniel H. Ludlow, A Companion to Your Study of the Book of Mormon, 1976, pág. 199).

CONCLUSIÓN.
Cuando leemos el Libro de Mormón con detenimiento, encontramos detalles sumamente interesantes y de mucha profundidad narrativa, y podemos ver la enorme sabiduría de Dios en cada detalle, que a los ojos de los hombres parecen insignificantes.
Incluso cuando empezamos a conocer mas de la cultura antigua mediante la biblia, podemos ver como estos dos registros sagrados se amoldan y coinciden perfectamente en cumplimiento de las profecías.

[avatar] por Jesús Serrano

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